
Como era de esperarse, en la edición de este año del festival de eurovisión, la representación de España quedó entre los raros o extravagantes, o mejor dicho los freakies del festival.
Rodolofo Chikilicuatre, con su guitarra de juguete ceñida al cuello, su peinado retrógrado y a lo John travolta pirata confirmó un resultado similar al que se pronosticaba: puesto 16, algunos abucheos y sin acogida en el público europeo. No contagió las ganas de bailar, ni el sentimiento de rebeldía contra lo clásico.
¿Por qué una actuación de ésta índole nunca triunfaría en un festival como Eurovisión?
Pimero porque escapa a la tradición del festival: las baladas y la música pop al estilo Britney Spears o Shakira. El primer puesto, lo obtuvo el ruso Dima Bilan, y el tercero, por ejemplo, la cantante griega que más griega es americana y una imitación de Britney Spears.
Segundo porque hay un concenso en cuanto al significado de seriedad y la profesionalidad y Rodolfo está fuera de esa línea. El actor es un rebelde empedernido, aunque original y surrealista. “España perdió la seriedad, no la compostura”, como afirmaba el presentador Uribarri. Pero, cabría preguntarse ¿Qué es seriedad cuando se habla de géneros y estilos musicales y de cantantes? Acaso no todos hacen teatro cuando interpretan cada papel en cada canción?
Tercero, por los lazos históricos que existen entre los países europeos y los bloques respectivos. Más que un concurso de música y canto, es una muestra virtual de los lazos entre países, por razones históricas y geográficas, e incluso políticas, por ejemplo, los países de la antigua Yugoslavia, los países de la antigua Unión Soviética, los gobernantes pueden decidir una cosa pero los ciudadanos de a pie tienen sus propias tendencias.
En definitiva, estos concursos llaman a la reflexión sobre la afinidad de un público determinado, por el cambio. A mi personalmente, no me agrada el Chiki Chiki, tendría muchísimo éxito en Latinoamérica, por cierto. Pero valoro la actitud fuera de esquemas de quien la sigue, aunque no venda mucho, aunque parezca broma. La caída de rigor de la bailarina y sus intentos por levantarse, por ejemplo, a quien se le abría ocurrido. En el mundo tendría que haber más gente con libertad creativa, pues de eso se trata el arte, no de seguir la moda, lo que más vende o las tendencias preferidas por la tradición.
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